El rezago en IA de las firmas ya cuesta clientes
El 91% de los profesionales cree que su firma se queda corta con la IA. El rezago en IA ya cuesta clientes y talento, según Thomson Reuters.

Hace poco un colega me contó que su firma todavía discute si conviene abrir ChatGPT en las computadoras de la oficina. Mientras tanto, él ya lo usa en casa para armar el primer borrador de sus escritos. Esa escena resume el rezago en IA que viven hoy miles de profesionales: la herramienta ya funciona, pero la firma no la suelta. Thomson Reuters le puso número. En el reporte Future of Professionals 2026, publicado el 22 de junio de 2026, el 91% de los encuestados cree que su organización se queda corta frente a lo que la IA podría darle.
La herramienta funciona. Lo que falla es el despliegue
El reporte se apoya en una encuesta a 1,816 profesionales de áreas legal, contable y de cumplimiento, hecha en marzo y abril de 2026. No es una muestra de entusiastas de la tecnología. Es gente que firma dictámenes, revisa contratos y responde ante un cliente.
Y casi todos dicen lo mismo: lo que su firma hace con la IA queda muy por debajo de lo que la IA ya puede hacer. El modelo está disponible. La licencia se paga sola. Lo que no llega es la decisión de usarlo en serio dentro del trabajo diario.
Por qué el rezago en IA ya cuesta clientes
Aquí el dato deja de ser interno. El 78% de los clientes corporativos considera esencial o muy importante que su proveedor mejore la calidad de su trabajo con IA. Solo el 6% siente que la mayoría de sus proveedores lo está entregando.
Esa brecha es dinero. El reporte calcula que unos USD 143,000 millones de ingresos combinados del mercado legal y contable de Estados Unidos están hoy en reconsideración. El cliente ya no pregunta si usas IA. Pregunta qué parte de la factura sigue justificándose cuando la máquina hace el primer 80%. Sobre eso escribí antes, en qué le pagas a una consultoría cuando la IA hace las diapositivas.
El profesional ya se adelantó solo
Cuando la firma va lenta, la gente no espera. Uno de cada tres profesionales ya usa por su cuenta herramientas de IA que su organización no aprobó, y la proporción sube al 41% entre quienes ven a su firma demasiado lenta para moverse. Traen la herramienta de su casa, igual que mi colega.
El que termina yéndose puede ser tú
Esto es lo que me parece más fácil de ignorar y más caro de ignorar.
El reporte mide a quienes viven la brecha entre lo que la IA puede dar y lo que su firma hace. Uno de cada cuatro (24%) piensa cambiar de trabajo en los próximos dos años. No se van por el sueldo. Se van porque sienten que su firma los frena.
Dale la vuelta. Si tú avanzas con la IA y tu organización no, el desajuste no se resuelve solo. O la firma se mueve, o el que se mueve eres tú. El talento que más invierte en aprender es justo el que tiene más opciones para irse a otro lado.
Ir lento con la IA dejó de ser una postura prudente. Es una forma silenciosa de perder a tu mejor gente.
Esto es presente, no pronóstico
Cuesta clientes. Cuesta talento. Y ninguno de los dos avisa con tiempo: el cliente se va callado y el buen analista renuncia un lunes cualquiera.
La buena noticia es que la herramienta no es el cuello de botella. Ya está lista, ya está pagada. El cuello de botella es organizativo, y eso se puede cambiar sin esperar a la próxima versión del modelo. En sectores donde un error se audita, el camino es distinto y más cuidadoso, algo que expliqué en por qué los sectores regulados adoptan la IA distinto. Pero más cuidadoso no significa detenido.
Si trabajas en una firma que todavía debate si abre la herramienta, ya sabes en qué grupo estás. Y ya sabes el número que te debería quitar el sueño: 91%.
Cada martes desarmo una decisión real de operación, con el razonamiento completo. Léela si diriges tu propia práctica. Suscribirme a Exoesqueleto Cerebral.