Consultoría con IA: 50 diapositivas en tres días
Una firma top entregó 50 diapositivas en tres días. Si eso es lo que crees comprar en una consultoría, el precio se cae. Lo que pagas es criterio y firma.

Hace poco un exconsultor contó algo en un foro del gremio que conviene mirar de cerca. Su empresa, ya fuera del mundo de la consultoría, contrató a una de las grandes firmas de estrategia (las que en el medio llaman MBB: McKinsey, BCG, Bain) para un estudio de mercado. El equipo entregó más de 50 diapositivas de buena calidad en tres días e hizo la presentación al cuarto. Él lo contó con asombro, como quien vio una máquina trabajar. Y ahí está el problema, porque ese asombro es justo la pregunta incómoda de la consultoría con IA: si lo que te dejó boquiabierto es la velocidad de armado, ¿eso es lo que estás pagando?
Antes de seguir, una advertencia honesta. Esto es un relato anónimo, de primera mano, sin auditar. No es un estudio ni un dato verificado. Lo trato como lo que es: una anécdota que apunta en una dirección que vale la pena pensar. Puedes leer el hilo original en r/consulting y sacar tus propias conclusiones.
Lo que de verdad pagas en una consultoría con IA de por medio
Cuando una empresa paga seis cifras por un estudio, cree que compra varias cosas a la vez: la búsqueda de datos, el análisis, las diapositivas bien hechas, la recomendación final y el nombre de la firma respaldándola. Esas cosas se sienten como un solo paquete. Pero no valen lo mismo.
Reunir datos, ordenarlos en un argumento y maquetar 50 diapositivas limpias es trabajo de armado. Toma horas, es agotador y se ve impresionante cuando alguien lo hace rápido. La recomendación final (qué hacer, qué no, qué riesgo asumir) es otra cosa. Es juicio. Y firmar esa recomendación, ponerle el nombre de la firma encima y responder si sale mal, es otra cosa más todavía.
La IA acelera justo la parte que impresiona
Aquí está el filo. Buscar, sintetizar y maquetar es exactamente lo que la IA hace más rápido hoy. No el juicio, no la responsabilidad: el armado. Tres días para 50 diapositivas dejó de ser una proeza humana y pasó a ser un tiempo de máquina.
Las propias firmas lo saben y ya están actuando. Están metiendo IA en sus flujos y recortando el trabajo de entrada, el que antes hacía un ejército de analistas junior. Un relato anónimo no prueba nada por sí solo, pero la dirección coincide con lo que las firmas hacen a la vista de todos. Eso no es coincidencia: es la misma corriente vista desde dos orillas.
Si lo que el cliente cree que compra es la velocidad del armado, el precio se vuelve difícil de sostener. Porque esa parte ahora la produce una herramienta que el cliente podría licenciar por una fracción del costo.
La regla que sirve para cualquiera que vende cabeza
Esto no es un problema de consultores. Es la pregunta para todo el que vende trabajo intelectual: abogado, contador, arquitecto, médico, consultor. Si tu entregable lo puede producir una máquina en tres días, tu valor tiene que estar en otra parte.
¿Dónde? En tres lugares que la IA no toca todavía.
El primero es el juicio: qué recomendar, no cómo presentarlo. Decidir, con el cliente delante, que de los cinco caminos posibles este es el que conviene, y por qué los otros cuatro no. Ese criterio no sale de promediar lo que ya existe, que es lo que hace un modelo.
El segundo es la relación. El cliente que confía en ti no contrata un PDF, contrata a alguien que entiende su contexto, que estuvo en la sala el año pasado, que sabe qué pelea interna hay detrás de la pregunta que te hizo.
El tercero es la responsabilidad. Cuando firmas una recomendación, pones algo en juego: tu reputación, a veces tu licencia profesional. Una herramienta no firma nada. Esa firma es buena parte de lo que el cliente paga, aunque casi nunca lo diga en voz alta.
Lo que esto le hace al peldaño de abajo
Hay un efecto secundario que conviene nombrar. El trabajo de armado era la escuela. Así aprendía el analista junior: maquetando diapositivas que nadie le agradecía, buscando datos que terminaban en una nota al pie. Si la IA se come ese peldaño, la pregunta de cómo se forma la próxima generación queda abierta, y nadie la ha resuelto. Ya escribí sobre qué pasa cuando la IA borra el peldaño junior, y este caso es la misma historia contada desde la cima de la pirámide.
El otro hilo es la responsabilidad. En sectores donde alguien tiene que firmar y responder, la IA no reemplaza al profesional: le cambia la tarea. Lo vi de cerca en cómo se usa la IA en sectores regulados de forma auditable, donde el valor no está en producir el documento sino en poder defender cada línea.
Qué hacer con esto el lunes
No tienes que reaccionar con miedo. Tienes que reubicar tu valor. Mira tu último entregable importante y separa, con honestidad, qué parte fue armado y qué parte fue juicio. Si el armado pesaba el 80%, estás vendiendo lo que la máquina ya hace barato.
La salida no es competir con la herramienta en velocidad. Es usarla para el armado, recuperar las horas que antes se iban en eso y poner esas horas donde el cliente no puede sustituirte: en pensar mejor qué recomendar y en estar ahí para responder por ello.
El asombro de aquel exconsultor era por las 50 diapositivas en tres días. Pero nadie paga seis cifras por diapositivas. Paga por alguien que le diga qué hacer y que ponga su nombre al lado.
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